sábado, 30 de marzo de 2013
jueves, 28 de marzo de 2013
lunes, 25 de marzo de 2013
domingo, 24 de marzo de 2013
Absuda
Abzurdah me pierde, vuelvo a ese mundo, ese es mi mundo? o eso ya pasó? Soy pasado, soy presente? soy el pasado que no avanza? Quién soy?
Estoy contenta, nadie ni nada va a boicotear la felicidad de estos dias. Empezar danza, retomar spinning, seguir con pilates, me da energia. Que me traigan la camara de miami, estudiar fotografia y profundizar maquillaje, otra vez. Son objetivos, y son ellos a los que me voy a dedicar a lo largo del año. Feliz 2013 para mi.
miércoles, 20 de marzo de 2013
Ojala veas algun dia esto papi, no te lo digo de frente porque me da pudor y si te lo digo casa va a ser mas desastre de lo que es ahora. El ejemplo mas claro es este: "Mi casa es un desastre.. mi vida un poco mas" claro, el señor quiere que lo borre, porque dice que no es asi, que mi casa en no es un desastrem que no tengo la ide de que es un desastre. me obligo a que lo borre, no lo voy a hacer, aunque en mi casa se arme alto quilombo.
AVOOS TE IMPORTA MAS LO QUE PIENSEN LOS DE AFUERA,( LOS QUE LEEN MI FACEBOOK, TE IMPORTA QUE APARENTEMOS, PERO VOS SABES QUE LA FAMILIA ESTA COMO EL ORTO)
NO SE TE OCURRIO PENSAR, PAPI, PORQUE YO NO LA PASO BIEN EN MI PROPIA CASA? EN VEZ DE PREGUNTARME ALGO DE ESO, ME PEDIS QUE LO BORRE PARA QUE LOS DEMAS NO LO LEAN
AVOOS TE IMPORTA MAS LO QUE PIENSEN LOS DE AFUERA,( LOS QUE LEEN MI FACEBOOK, TE IMPORTA QUE APARENTEMOS, PERO VOS SABES QUE LA FAMILIA ESTA COMO EL ORTO)
NO SE TE OCURRIO PENSAR, PAPI, PORQUE YO NO LA PASO BIEN EN MI PROPIA CASA? EN VEZ DE PREGUNTARME ALGO DE ESO, ME PEDIS QUE LO BORRE PARA QUE LOS DEMAS NO LO LEAN
viernes, 15 de marzo de 2013
Daniel
Estábamos yendo demasiado rápido. No pude pensar mucho mas porque volví a sentirlo moviéndose encima d mi. El placer regreso, esta vez con mas intensidad. Lo sentía entrar ligeramente en mi, con sus boxers impidiéndolo, deteniéndonos. Quise sentirlo mas adentro. No pude mas. Intente bajarle los boxers, pero desde mi posición no tenia mucha posibilidad de maniobra, y solo pude bajarlo un poco, casi nada. Entonces él se detuvo, y me miró a los ojos, sabiendo que yo estaba queriendo eso. Sabía que yo quería ir hasta el final. Entonces se arrodillo al pie de la cama, y comenzó a mirarme, de la misma manera que yo lo había hecho unos segundos antes con mis ojos. Sentí su dedo rozándome de arriba a abajo, y sentí que estaba a punto de venirme, y el paro y me miro, a los ojos. Estaba completamente desarmada. Le rogué con mis ojos que me hiciera terminar. Era una sensación extraña y nueva. Nadie me había hecho gozar y sufrir así. Reconocí mi derrota, volví a mirar al techo. Lo sentí entrar y salir muy despacio, y después mas rápido, y cuando estuvo a punto de venirme, volvió a parar.
jueves, 14 de marzo de 2013
Volver a ver a Cielo, conocer a Rolon y que firme mis libros, comprar y leer mas libros que me gustan, ir y venir todos los jueves al consultorio de mi psicologa, y que me felicite ella por mi trabajo en terapia, son cosas que me dan felicidad.
Todo lo que quiero se esta dando, la vida me sorprende todo el tiempo, trabajar desde chica, mi nuevo asenso en mi trabajo actual, y toda la responsabilidad que eso implica con solo 23 años, que no es poco. Tener proyectos por cumplir. Construir mi casa, mejorar las relaciones, ser mas abierta. Saber acompañar. Trabajar en mi depresion.
Volver a ver a mi escritora preferida, conocer nuevas escritoras, libros y mas libros, ver en persona a Gabriel. Decirle cuanto lo admiro y todo lo que me sirvio su libro " Historias de divan".
Vivir me da placer
Todo lo que quiero se esta dando, la vida me sorprende todo el tiempo, trabajar desde chica, mi nuevo asenso en mi trabajo actual, y toda la responsabilidad que eso implica con solo 23 años, que no es poco. Tener proyectos por cumplir. Construir mi casa, mejorar las relaciones, ser mas abierta. Saber acompañar. Trabajar en mi depresion.
Volver a ver a mi escritora preferida, conocer nuevas escritoras, libros y mas libros, ver en persona a Gabriel. Decirle cuanto lo admiro y todo lo que me sirvio su libro " Historias de divan".
Vivir me da placer
miércoles, 13 de marzo de 2013
Abre la puerta con sus manos que transpiraban agua. Toma asiento sin que el medico se lo ofrezca. El se acerca a ella, entiende sus nervios, y la deja pasar.
Hola Doctor, digame!, como está mi marido?
La llame aparte porque quería informarle que tengo los resultados de los análisis, no le vamos a poder el alta a su marido, aunque el se quiera ir.
Yo le dije, pero parece una criatura queriendo escapar!Perdón..
El tema es que la tomografia no le salio bien, y los pulmones.. los pulmones usted sabe como están, y ese dolor en el pecho no me gusta nada. Es un paciente que corre riesgo. Tener la aorta agrandada no es bueno, es riesgozo, puede vivir un día, o cuarenta años, pero la enfermedad crónica que padece el no lo ayuda en nada, los remedios que hacen que la enfermedad no avance son los mismos que hacen que empeore del corazón. De todas formas, me gustaría que mañana lo vea la neumonologa, si?
¿Por qué?
Hola Doctor, digame!, como está mi marido?
La llame aparte porque quería informarle que tengo los resultados de los análisis, no le vamos a poder el alta a su marido, aunque el se quiera ir.
Yo le dije, pero parece una criatura queriendo escapar!Perdón..
El tema es que la tomografia no le salio bien, y los pulmones.. los pulmones usted sabe como están, y ese dolor en el pecho no me gusta nada. Es un paciente que corre riesgo. Tener la aorta agrandada no es bueno, es riesgozo, puede vivir un día, o cuarenta años, pero la enfermedad crónica que padece el no lo ayuda en nada, los remedios que hacen que la enfermedad no avance son los mismos que hacen que empeore del corazón. De todas formas, me gustaría que mañana lo vea la neumonologa, si?
¿Por qué?
domingo, 10 de marzo de 2013
Gabriel.
Cada vez que suena el teléfono de mi consultorio, sé que del otro lado de la línea alguien me está pidiendo ayuda. Y es allí en donde encuentro mi lugar como analista. En ese espacio que una persona abre entre la angustia y el dolor, entre la impotencia y el deseo de salir de un lugar de sufrimiento. Cuando un paciente (padeciente) viene a mí, sé que me está invitando a compartir un desafío. El desafío de que lo acompañe en un recorrido tan incierto como peligroso: el que lo lleva hacia lo más profundo y secreto de su alma. ¿Qué hay allí? No lo sé. Cada persona es única. Su historia, sus anhelos, sus temores y sus deseos más profundos la convierten en un ser irrepetible, dueño de una verdad oculta que debo ayudarle a develar.
Celos, duelo, culpa, amor, pasión, angustia, estados de crisis y actitudes perversas. La vida y la
muerte. Pero, por sobre todas las cosas, el deseo de luchar y la valentía de personas que decidieron ir
en busca de su verdad para poner fin a tanto padecimiento.
Porque eso es un paciente: alguien que sufre y que a la vez está dispuesto a luchar para dejar de hacerlo: Y en el medio de ese dolor, al tomar conciencia de que solo no puede, llega al consultorio con dudas, temores e imposibilidades. Pero también con confianza. Con la confianza en que pueda ayudarlo a atravezar el momento difícil que está pasando. Para eso me expone su historia, me abre su vida, me muestra aquello que lo avergüenza y espera, con toda justicia, que yo haga algo con lo que me brinda.
Celos, duelo, culpa, amor, pasión, angustia, estados de crisis y actitudes perversas. La vida y la
muerte. Pero, por sobre todas las cosas, el deseo de luchar y la valentía de personas que decidieron ir
en busca de su verdad para poner fin a tanto padecimiento.
Porque eso es un paciente: alguien que sufre y que a la vez está dispuesto a luchar para dejar de hacerlo: Y en el medio de ese dolor, al tomar conciencia de que solo no puede, llega al consultorio con dudas, temores e imposibilidades. Pero también con confianza. Con la confianza en que pueda ayudarlo a atravezar el momento difícil que está pasando. Para eso me expone su historia, me abre su vida, me muestra aquello que lo avergüenza y espera, con toda justicia, que yo haga algo con lo que me brinda.
jueves, 7 de marzo de 2013
Sentimientos desencontrados, la libertad que envidio en plenitud, y la bronca de no poder ayudar en nada.
Pero vamos Barbi, despertate!, despertate que mañana nos vemos, porque sabes que te extraño, y se que vos tmb me extrañas, porque claro, somos amigas. y yo estoy esperando que te despiertes para que nos hablemos. cuando te levantes mañana te voy a retar, porque no me esperaste. me prometiste que nunca me ibas a dejar sola. y lo estas haciendo. Dos sentimientos me culpan. por un lado la bronca, de saber que no puedo hacer nada, porque vivimos muy lejos, pensar que es una estúpida, porque no pensó antes de hacer las cosas? Cielo me enseño que siempre hay salida.
Por el otro adentro siento paz. yo, que estoy en la misma que vos se lo que sufrís, se lo que cuesta vivir. y morir es un alivio. se lo que es sufrir todo el tiempo, sufrís hasta cuando respiras, es odioso. Por eso me siento mal, porque soy muy egoísta, porque te extraño y pienso en mi, pero si hoy en día me preguntan que quiero para vos? Yo diría lo que te haga sufrir menos, yo tampoco se manejarme en una situación como esta.
Pero vamos Barbi, despertate!, despertate que mañana nos vemos, porque sabes que te extraño, y se que vos tmb me extrañas, porque claro, somos amigas. y yo estoy esperando que te despiertes para que nos hablemos. cuando te levantes mañana te voy a retar, porque no me esperaste. me prometiste que nunca me ibas a dejar sola. y lo estas haciendo. Dos sentimientos me culpan. por un lado la bronca, de saber que no puedo hacer nada, porque vivimos muy lejos, pensar que es una estúpida, porque no pensó antes de hacer las cosas? Cielo me enseño que siempre hay salida.
Por el otro adentro siento paz. yo, que estoy en la misma que vos se lo que sufrís, se lo que cuesta vivir. y morir es un alivio. se lo que es sufrir todo el tiempo, sufrís hasta cuando respiras, es odioso. Por eso me siento mal, porque soy muy egoísta, porque te extraño y pienso en mi, pero si hoy en día me preguntan que quiero para vos? Yo diría lo que te haga sufrir menos, yo tampoco se manejarme en una situación como esta.
viernes, 1 de marzo de 2013
Veronika
Estoy viva, pensó Veronika. Va a empezar todo otra vez. Tendré que pasar un tiempo aquí dentro, hasta que comprueben que estoy perfectamente normal. Después me darán de alta, y volveré a ver las calles de Ljubljana, su plaza redonda, los puentes, las personas que pasan por las calles yendo y volviendo del trabajo.
Como las personas siempre tienden a ayudar a las otras —sólo para sentirse mejores de lo que realmente son—, me volverán a emplear en la biblioteca. Con el tiempo, volveré a frecuentar los mismos bares y discotecas, conversaré con mis amigos sobre las injusticias y los problemas del mundo, iré al cine, pasearé por el lago.
Dado que elegí las pastillas, no he estropeado mi físico en absoluto: continúo siendo joven, bonita, inteligente, y no tendré —como nunca tuve dificultades para conseguir novio. Haré el amor con él en su casa, o en el bosque, obtendré un cierto placer, pero después del orgasmo la sensación de vacío volverá. Ya no tendremos mucho sobre lo que conversar, y tanto él como yo lo sabemos: llega el momento de darnos una disculpa mutua («es tarde» o «mañana tengo que levantarme temprano») y partiremos lo más rápidamente posible, evitando mirarnos a los ojos.
Yo vuelvo a mi cuarto alquilado en el convento. Intento leer un libro, enciendo el televisor para ver los mismos programas de siempre, coloco el despertador para despertarme exactamente a la misma hora que el día anterior, repito mecánicamente las tareas que me son confiadas en la biblioteca. Como el sándwich en el jardín frente al teatro sentada en el mismo banco, junto con otras personas que también escogen los mismos bancos para almorzar, que tienen la misma mirada vacía, pero fingen estar ocupadas con cosas importantísimas.
Después vuelvo al trabajo, escucho algunos comentarios sobre quién está saliendo con quién, quién está sufriendo tal cosa, cómo tal persona lloró por culpa del marido, y me quedo con la sensación de que soy bonita, tengo empleo y consigo el amante que quiero. Después regreso a los bares hacia el fin del día y después todo vuelve a empezar.
Mi madre (que debe de estar preocupadísima por mi intento de suicidio) se recuperará del susto y continuará preguntándome qué voy a hacer de mi vida, porque no soy igual a las otras personas, ya que, al fin y al cabo, las cosas no son tan complicadas como yo pienso que son. «Fíjate en mí, por ejemplo, que llevo años casada con tu padre y procuré darte la mejor educación y los mejores ejemplos posibles.»
Un día me canso de oírle repetir siempre lo mismo y, para contentarla, me caso con un hombre a quien yo misma me impongo amar Ambos terminaremos encontrando una manera de soñar ; juntos con nuestro futuro, la casa de campo, los i hijos, el futuro de nuestros hijos. Haremos mucho el amor el primer año, menos el segundo, a partir del tercero quizás pensaremos en el sexo una vez cada quince días y transformaremos ese pensamiento en acción apenas una vez al mes. Y, peor que eso, apenas hablaremos. Yo me esforzaré por aceptar la situación, y me preguntaré en qué he fallado, ya que no consigo interesarlo, no me presta la menor atención y vive hablando de sus amigos como si fuesen realmente su mundo.
Cuando el matrimonio esté apenas sostenido por un hilo, me quedaré embarazada. Tendremos un hijo, pasaremos algún tiempo más próximos uno del otro y pronto la situación volverá a ser como antes.
Entonces empezaré a engordar como la tía de la enfermera de ayer, o de días atrás, no sé bien. Y empezaré a hacer régimen, sistemáticamente derrotada cada día, cada semana, por el peso que insiste en aumentar a pesar de todo el control. A estas alturas, tomaré algunas drogas mágicas para no caer en la depresión y tendré algunos hijos en noches de amor que pasan demasiado de prisa. Diré a todos que los hijos son la razón de mi vida, pero, en verdad, ellos exigen mi vida como razón.
La gente nos considerará siempre una pareja feliz y nadie sabrá lo que existe de soledad, de amargura, de renuncia, detrás de toda esa apariencia de felicidad.
Hasta que un día, cuando mi marido tenga su primera amante, yo tal vez protagonice un escándalo como la tía de la enfermera, o piense nuevamente en suicidarme. Pero entonces ya seré vieja y cobarde, con dos o tres hijos que necesitan mi ayuda, y debo educarlos, colocarlos en el mundo, antes de ser capaz de abandonar todo. Yo no me suicidaré: haré un escándalo, amenazaré con irme con los niños. Él, como todos los hombres, retrocederá, dirá que me ama y que aquello no volverá a repetirse. Nunca se le pasará por la cabeza que, si yo resolviese realmente irme, la única elección posible sería la casa de mis padres, y quedarme allí el resto de la vida teniendo que escuchar todos los días a mi madre lamentándose porque perdí una oportunidad única de ser feliz, que él era un excelente marido a pesar de sus pequeños defectos y que mis hijos sufrirán mucho por causa de la separación.
Dos o tres años después, otra mujer aparecerá en su vida. Yo lo descubriré (porque lo veré o porque alguien me lo contará), pero esta vez fingiré ignorarlo. Gasté toda mi energía luchando contra la amante anterior, no sobró nada, es mejor aceptar la vida tal como es en realidad y no como yo la imaginaba. Mi madre tenía razón.
El seguirá siendo amable conmigo, yo continuaré mi trabajo en la biblioteca, con mis sándwiches en la plaza del teatro, mis libros que nunca consigo terminar de leer, los programas de televisión que continuarán siendo los mismos de aquí a diez, veinte o cincuenta años.
Sólo que comeré los sándwiches con sentimiento de culpa, porque estoy engordando; y ya no iré a bares, porque tengo un marido que me espera en casa para cuidar a los hijos.
A partir de ahí, todo se reduce a esperar a que los chicos crezcan y pensar todos los días en el suicidio, sin valor para llevarlo a cabo. Un buen día, llego a la conclusión de que la vida es así, de que es inútil rebelarse, de que nada cambiará. Y me conformo.
Como las personas siempre tienden a ayudar a las otras —sólo para sentirse mejores de lo que realmente son—, me volverán a emplear en la biblioteca. Con el tiempo, volveré a frecuentar los mismos bares y discotecas, conversaré con mis amigos sobre las injusticias y los problemas del mundo, iré al cine, pasearé por el lago.
Dado que elegí las pastillas, no he estropeado mi físico en absoluto: continúo siendo joven, bonita, inteligente, y no tendré —como nunca tuve dificultades para conseguir novio. Haré el amor con él en su casa, o en el bosque, obtendré un cierto placer, pero después del orgasmo la sensación de vacío volverá. Ya no tendremos mucho sobre lo que conversar, y tanto él como yo lo sabemos: llega el momento de darnos una disculpa mutua («es tarde» o «mañana tengo que levantarme temprano») y partiremos lo más rápidamente posible, evitando mirarnos a los ojos.
Yo vuelvo a mi cuarto alquilado en el convento. Intento leer un libro, enciendo el televisor para ver los mismos programas de siempre, coloco el despertador para despertarme exactamente a la misma hora que el día anterior, repito mecánicamente las tareas que me son confiadas en la biblioteca. Como el sándwich en el jardín frente al teatro sentada en el mismo banco, junto con otras personas que también escogen los mismos bancos para almorzar, que tienen la misma mirada vacía, pero fingen estar ocupadas con cosas importantísimas.
Después vuelvo al trabajo, escucho algunos comentarios sobre quién está saliendo con quién, quién está sufriendo tal cosa, cómo tal persona lloró por culpa del marido, y me quedo con la sensación de que soy bonita, tengo empleo y consigo el amante que quiero. Después regreso a los bares hacia el fin del día y después todo vuelve a empezar.
Mi madre (que debe de estar preocupadísima por mi intento de suicidio) se recuperará del susto y continuará preguntándome qué voy a hacer de mi vida, porque no soy igual a las otras personas, ya que, al fin y al cabo, las cosas no son tan complicadas como yo pienso que son. «Fíjate en mí, por ejemplo, que llevo años casada con tu padre y procuré darte la mejor educación y los mejores ejemplos posibles.»
Un día me canso de oírle repetir siempre lo mismo y, para contentarla, me caso con un hombre a quien yo misma me impongo amar Ambos terminaremos encontrando una manera de soñar ; juntos con nuestro futuro, la casa de campo, los i hijos, el futuro de nuestros hijos. Haremos mucho el amor el primer año, menos el segundo, a partir del tercero quizás pensaremos en el sexo una vez cada quince días y transformaremos ese pensamiento en acción apenas una vez al mes. Y, peor que eso, apenas hablaremos. Yo me esforzaré por aceptar la situación, y me preguntaré en qué he fallado, ya que no consigo interesarlo, no me presta la menor atención y vive hablando de sus amigos como si fuesen realmente su mundo.
Cuando el matrimonio esté apenas sostenido por un hilo, me quedaré embarazada. Tendremos un hijo, pasaremos algún tiempo más próximos uno del otro y pronto la situación volverá a ser como antes.
Entonces empezaré a engordar como la tía de la enfermera de ayer, o de días atrás, no sé bien. Y empezaré a hacer régimen, sistemáticamente derrotada cada día, cada semana, por el peso que insiste en aumentar a pesar de todo el control. A estas alturas, tomaré algunas drogas mágicas para no caer en la depresión y tendré algunos hijos en noches de amor que pasan demasiado de prisa. Diré a todos que los hijos son la razón de mi vida, pero, en verdad, ellos exigen mi vida como razón.
La gente nos considerará siempre una pareja feliz y nadie sabrá lo que existe de soledad, de amargura, de renuncia, detrás de toda esa apariencia de felicidad.
Hasta que un día, cuando mi marido tenga su primera amante, yo tal vez protagonice un escándalo como la tía de la enfermera, o piense nuevamente en suicidarme. Pero entonces ya seré vieja y cobarde, con dos o tres hijos que necesitan mi ayuda, y debo educarlos, colocarlos en el mundo, antes de ser capaz de abandonar todo. Yo no me suicidaré: haré un escándalo, amenazaré con irme con los niños. Él, como todos los hombres, retrocederá, dirá que me ama y que aquello no volverá a repetirse. Nunca se le pasará por la cabeza que, si yo resolviese realmente irme, la única elección posible sería la casa de mis padres, y quedarme allí el resto de la vida teniendo que escuchar todos los días a mi madre lamentándose porque perdí una oportunidad única de ser feliz, que él era un excelente marido a pesar de sus pequeños defectos y que mis hijos sufrirán mucho por causa de la separación.
Dos o tres años después, otra mujer aparecerá en su vida. Yo lo descubriré (porque lo veré o porque alguien me lo contará), pero esta vez fingiré ignorarlo. Gasté toda mi energía luchando contra la amante anterior, no sobró nada, es mejor aceptar la vida tal como es en realidad y no como yo la imaginaba. Mi madre tenía razón.
El seguirá siendo amable conmigo, yo continuaré mi trabajo en la biblioteca, con mis sándwiches en la plaza del teatro, mis libros que nunca consigo terminar de leer, los programas de televisión que continuarán siendo los mismos de aquí a diez, veinte o cincuenta años.
Sólo que comeré los sándwiches con sentimiento de culpa, porque estoy engordando; y ya no iré a bares, porque tengo un marido que me espera en casa para cuidar a los hijos.
A partir de ahí, todo se reduce a esperar a que los chicos crezcan y pensar todos los días en el suicidio, sin valor para llevarlo a cabo. Un buen día, llego a la conclusión de que la vida es así, de que es inútil rebelarse, de que nada cambiará. Y me conformo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

