viernes, 14 de febrero de 2014

Un clavo oxida a otro clavo.


Era todo aquello que yo necesitaba: comprensión y sustento. No sabía demasiado de él, pero de algo estaba segura: cuando aparecía en la pantalla su nombre mi corazón se distendía, me hacía vibrar. Javier me hacía vibrar y sentir bien.
Mi vida comenzó a ser cibernética, transcurría en la red. Perdí la noción de realidad: todo lo que quería era hablar con el. Mis relaciones afectivas siempre fueron así: difíciles de concretar (y hasta imposibles) y dotadas de una obsesión incandescente. Una obsesión que me consume, que me mata, que me hiere y que aún así defiendo. Porque llegué a pensar que amor sin sufrimiento no era amor. Y Javier no me ofrecía ningún tipo de riesgo, ningún sufrimiento. Además, él vivía en capital y yo a más de 30 kilómetros.
No podía ser, era imposible. Y por supuesto: no lo conocía. ¿Era imposible, dije? Era perfecto.

Javier se convirtió en la persona más importante del mundo para mí: me levantaba media hora antes del trabajo, solamente para chequear mensajes y ver si tenía alguno suyo. Cuando volvía del trabajo  comía en frente de la computadora mientras hablaba con él. A la tarde iba a inglés y . Y a la noche: antes y después de comer. Me estaba enamorando de un hombre casi diez años mayor que yo. Estaba cometiendo un error: era excitante, estaba rompiendo las reglas.




Javier era táctica pura, un estratega de los más astutos. En aquel momento, sin embargo, era él la única razón por la cual sonreía y por qué despertarme feliz. Él, no ocupaba el lugar que yo quería en mi vida, fui aprendiendo a acomodarme a sus peticiones, a sus antojos.

Pero mi táctica a fin de enamorarlo estaba por empezar. No fue muy difícil enamorarme de él, era todo lo que yo quería, lo que necesitaba en ese momento y quizás lo que había necesitado toda la vida,Y yo, afrontémoslo, era una presa fácil. Triste, solitaria y necesitada de afecto y contención. El lobo había conocido a su cordero.



Javier me estaba incitando, de a poco, a que me gustase, a que me excitase, a que piense en él. Me estaba enamorando… y si por fin lograba su cometido, sabía que duraría para siempre. Dicen que el primer amor nunca se olvida. Y es mentira, porque del primero me olvidé. Pero de Javier…


Abzurdah

No me gusta que me molesten, que alboroten mi concentración, que me disturben.
Aprecio más que nada mi vida interior, mi exquisito mundo privado, aquel que aunque quisiera no podría explicar. Es tan fructífero, es de tantos colores y tiene tantísimos matices que no se podría entender la dimensión ni la importancia que yace en ellos. Quisiera explicarlo. Quisiera que mi ocio tuviera sentido para la sociedad: y sin embargo soy condenada. Sé que ahora no entienden, pero ya van a entender

martes, 11 de febrero de 2014

Javier

El sigue en mi cabeza. Lo persigo, lo busco, me escondo, Me siento necesitada: de su voz, de sus palabras silenciosas, de sus miradas. De mis inventos. De eso vivo: del timbre que le atribuyo a la voz de el, de la personalidad que le compré, de un futuro ideal juntos, donde no existiera la diferencia de edad. En mi cabeza podemos ser felices y no entiendo por qué no se concreta mi sueño. La falta de el y mi depresión son mejores amigos.